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El Aval representa otra garantía –en este caso bancaria- que el arrendador puede exigir al inquilino y cuyos costes son imputables a éste. La misión del Aval es acreditar que, aunque el inquilino no constituya garantía suficiente de pago de las rentas a que se haya comprometido, hay un co-titular que responde por el primero y se compromete a pagar la cantidad que éste haya dejado de abonar, cuando ello suceda.

El Aval es un contrato público y se firma ante un Notario y además de este corretaje tiene otros gastos como son formalización cuando se constituye y luego una comisión de mantenimiento o “de riesgo” que se liquida trimestralmente y que el banco seguirá cobrando aunque el plazo de vigencia haya finalizado o que la cantidad haya sido satisfecha hasta que el contrato sea resulto o devuelto el documento en el que se consigna el aval o garantía.

Estos gastos, normalmente son asumidos por el inquilino aunque es admisible cualquier otro pacto. Muchas veces el principal inconveniente para solicitar un Aval, es que el banco nos requiere para capitalizar la cuenta en todo o parte del importe avalado.

Ejemplo:

Renta: 900€ / mes

Aval 6 meses: 5.400 €

Gastos:
- Corretaje (Escritura Notarial y Gestión)
- Comisión de Formalización 0,5 % con un mínimo de 30 € : 30 €
- Comisión de Mantenimiento 1,5 % : 81 € al trimestre (27 € / mes)
- Falta de disposición de 5.400 € durante la vigencia del Aval.

En caso de impago de rentas avaladas, el propietario deberá reclamar el pago en primer término al inquilino, preferentemente por escrito, y en caso de no prosperar esta gestión podrá dirigirse a la entidad bancaria avalista.

En general los bancos no son muy proclives a conceder avales y las condiciones de acceso a los mismos no son precisamente sencillas.

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